

Desde la viña hasta la copa, nuestro Vino Robabesos realiza un gran camino pasando por muchas manos expertas. En este blog os contamos un poco más sobre el proceso de nuestro vino hasta que llega a ti.
A 600 metros de altitud, abrazado, mimado y protegido de los vientos invernales por las montañas de la cornisa cantábrica, ante tanta majestuosidad, emerge tímidamente, el viñedo mostrando su suelo arcilloso calcáreo idóneo para el desarrollo de esas uvas con las que se elaborará nuestro vino más preciado, el que nos embriagará de placer sacándonos más de una sonrisa.
El viticultor, realiza la primera poda en el reposo vegetativo. La viña aparece despojada de esos sarmientos que aparecían desnudos y enmarañados, cual lianas, completamente desprovistos de hojas perdidas durante el otoño. Es ahora cuando el viticultor va a tomar la decisión de las yemas que deben quedarse en la planta y su situación en la vara o en el pulgar, para así garantizar que se produzca una vendimia a la altura del vino que queremos conseguir.
Su gestión acertada representa la clave principal del éxito o el fracaso y el objetivo a lograr será el equilibrio entre la cantidad y la calidad de toda la producción. Aquellas cepas más equilibradas, con sarmientos de vigor similar año tras año, son las que darán una cosecha más satisfactoria. Después de esa poda sin piedad, en marzo, nuestro viñedo aparece desolado, desnudo, aletargado.
La vid, en su desnudez muestra su parte aérea descaradamente, intentando disimular el gran nudo que une la parte americana de la planta (portainjerto) que la defenderá toda su vida de la gran enfermedad que asoló los viñedos de toda Europa en el siglo XIX, la Filoxera, con la parte española (injerto) que aportará la variedad de la uva. El resto del ciclo ese nudo, permanecerá camuflado por la exuberancia de las hojas, los pámpanos y los zarcillos.
Los líneos que conforman el viñedo, aparecen dibujados por interminables filas de cepas que parecen cogidas de la mano formando un cordón en espaldera. Una vez labrado el terreno y aireado, libre de fauna y flora indeseable, éste se reactiva y a finales de febrero o comienzos del mes de marzo, algo empieza a moverse… el viñedo se despereza de su largo sueño.
ROBABESOS SE ESTÁ GESTANDO Y VIENE PISANDO FUERTE. Sabe que lo esperamos.
Si estamos atentos escucharemos la respiración de la viña casi jadeando como si hubiera resucitado y hubiera vuelto a la vida. Es el despertar de la planta. Se producen las primeras manifestaciones de actividad en la viña.
Conforme a su ciclo vegetativo anual , constante, en el que se suceden las diferentes fases vitales de la viña y después de un largo periodo de reposo invernal que va desde de noviembre hasta marzo , es cuando en el interior de la planta comienzan a movilizarse las reservas acumuladas durante el invierno.
La raíz, durante el invierno estuvo viajando, estirándose todo lo que pudo bajo la tierra buscando esos nutrientes tan necesarios y acumulándolos como reserva y ahora es el momento de impulsar esa savia, con fuerza, hacia arriba para que asciendan a través del tronco y a lo largo de los brazos y los dote de ese vigor y fuerza necesaria que van a necesitar para soportar el gran peso de los racimos, durante los próximos meses, hasta que llegue el momento de la vendimia. En en ese disloque de movimiento desenfrenado, cuando esas reservas, acabarán derramándose en pequeñas cantidades rezumando por las yemas alojadas en las varas y pulgares: son los denominados lloros propios del mes de marzo.
Y en ese henchido llanto, los brazos de la viña, parecieran que clamasen al cielo suplicando, para que no vengan esas indeseables heladas que a veces vienen acompañando a algunas primaveras, quemando literalmente las mejores yemas y anulando su supervivencia.
Después de ese largo camino tortuoso provisto de bajas temperaturas, lluvias, vientos huracanados y en muchos casos de nieve, acabará llegando y alojándose un ejército de diminutos microorganismos que serán huéspedes de esa herida y contribuirán a sellarla de tal manera, que calmará su llanto hasta que comience la brotación de las yemas, que se abrirán en mayor o menor cantidad en función del vigor de la cepa. Éste primer periodo será la primera fase del todo el ciclo vegetativo de la viña.
Hasta entonces los secretos de Robabesos permanecerán ocultos; No por mucho tiempo pues es a finales del mes de marzo cuando en cada yema se dejará ver la llamada mariposa que esconde los órganos verdes, ahora minúsculos y nos dejará ver en miniatura los que serán en un futuro próximo, los racimos, las hojas, los pámpanos y esos zarcillos que le confieren un aspecto de planta trepadora en busca de la mejor iluminación vital para su supervivencia.
Habrá que esperar hasta el mes de mayo para asistir a la floración, punto del ciclo en el que podremos apreciar todas las formas vegetales que anunciarán el preludio de esas uvas jugosas y azucaradas de Viura, Malvasía y Sauvignon Blanc que con su aptitud y comportamiento, harán las delicias de nuestro paladar cuando Robabesos colme nuestras copas.
La semana que viene te traeremos la segunda parte. Descubrirás como avanza nuestro Vino Robabesos. ¡Comparte este blog en Facebook e Instagram con tus amigos!